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LA RECETA BRASILEÑA

Por Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez

En 1985 la República Federativa del Brasil inició un lento proceso de transición a la democracia al igual que otros países de la región. Los gobiernos militares que se retiraban dejaban en el gigante sudamericano una herencia económica desastrosa, un elevado índice inflacionario y un Estado económica y políticamente hablando, disfuncional.

 

Pero, aparecerá un hombre clave, a fines de los 80. El entonces Presidente Itamar Franco, nombraría a Fernando Enrique Cardoso, como titular de la Secretaría de Economía. Este formó un equipo al mejor estilo scrach d´ouro, con los mejores economistas del país. En 1993 presenta el denominado Plan Real con el firme objetivo de transformar radicalmente a la economía brasileña.

 

Las claves de este plan fueron las siguientes: un ajuste fiscal que redujo los gastos en un 9% y aumentó los impuestos de manera pareja en un 5%. Destinó el 15% de los ingresos fiscales a planes sociales para combatir la amplia franja de pobreza. Introdujo el Real, reforzado por el dólar e inició una política monetaria muy restrictiva. A corto plazo, el efecto de las medidas implementadas por el Secretario Cardoso, produjeron un efecto más que positivo.

 

La inflación galopante se redujo drásticamente, la inversión subió al 16% del Producto Bruto Interno, este subió del año 1994 al 1997 un 4%, cuando no había experimentado aumento en los cinco años anteriores. Este éxito en el manejo de la economía, llevó a Cardoso a la arena política. Le disputa a Luis Inácio Lula da Silva la presidencia brasileña y obtiene por amplio margen la victoria.

 

Al asumir el cargo, en forma inmediata implementa un proceso de apertura de la economía, en un país en el cual la misma permanecía cerrada. Desarrolla un plan de privatización de empresas públicas, muchas de ellas ampliamente deficitarias. Pone en práctica la llamada Ley de Responsabilidad Fiscal, con severas penalizaciones a quienes no la cumplieran.

 

En 1997 se produce la crisis asiática, al año siguiente la rusa, esto contagia a la economía brasileña (efecto samba) caracterizada en ese entonces por una moneda sobrevaluada y un déficit en la balanza de saldos corrientes.

 

Un año después Fernando Enrique Cardoso es reelecto, triunfando nuevamente sobre Lula, esta vez por un pequeño margen, con su discurso de centro derecha contra uno de izquierda del obrero metalúrgico.

 

Ese mismo año el Presidente Cardoso trata de gestionar una serie de préstamos con el Fondo Monetario Internacional, pero el Congreso brasileño no aceptó las condiciones del organismo financiero mundial.

 

A fines de 1999, se puso un marcha un programa de austeridad cuyas principales medidas fueron: flotación del real que perdió 40% de su valor, ejecución de una política monetaria muy restrictiva, un ajuste fiscal durísimo, hasta crear un superávit presupuestario del 3.1% del Producto Bruto Interno.

 

En las campañas para las elecciones del 2001, Lula desarrolló un nuevo discurso en el que unía la responsabilidad fiscal con la mejoría social. En su cuarto intento el ex-obrero metalúrgico obtiene la presidencia de Brasil.

 

Al iniciar su período las primeras medidas ejecutadas fueron: el nuevo Gobernador del Banco Central anuncia el mantenimiento de la política de rígido control inflacionario. Inicia un rápido proceso de reducción de la deuda, da a conocer y posteriormente logra una profunda reforma al sistema de pensiones, anuncia la búsqueda de un superávit fiscal del 30%, incrementa súbitamente el proceso de globalización de Brasil, ya iniciado en el gobierno anterior.

 

Desarrolla un plan anti-pobreza, “hambre cero”, con el que combate este flagelo y lucha agresivamente para lograr el objetivo que todos los niños concurran a la escuela. Atrae inversiones de manera extraordinaria, en octubre del 2009 los capitales extranjeros invertidos en el mercado brasileño llegaron a 2.44 billones de dólares, casi el doble de lo invertido en China en el mismo periodo.

 

Uno de los grandes logros de Lula ha sido el aumento de la productividad y la producción agropecuaria. Actualmente Brasil es el segundo productor agropecuario del mundo y exporta a todo el planeta. Luego de una larga historia de endeudamiento externo, en el año 2009 llega a tener crédito en positivo. Las reservas internacionales del gigante latinoamericano alcanzan los 250 billones de dólares.

 

No hay dudas que los líderes democráticos de la transformación brasileña son Fernando Henrique Cardoso y Luis Inácio Lula Da Silva. Dos liderazgos muy diferentes, uno académico, otro obrero, pero supieron desarrollar, adaptar a los tiempos y por supuesto aplicar la receta que en un cuarto de siglo lleva a Brasil a golpear las puertas del primer mundo para su ingreso.

 

Lula de origen sumamente humilde, pobrísimo para ser más claro, se cría sin la figura paterna, ejerció el oficio de lustrabotas a los 12 años y migró al monstruo industrial de San Pablo. Aún siendo un niño, a los 14 años comienza sus labores como obrero metalúrgico e inicia su carrera en la unión laboral. A los 33 años de edad, será el Presidente de los trabajadores del acero, posteriormente será uno de los fundadores del Partido del Trabajo y más tarde ganará la Presidencia del Brasil.

 

Los niveles de aceptación de la gestión de Lula son asombrosos, se llega a tasas de un 86% a nivel nacional promedio, la más elevada que haya tenido presidente alguno en el mundo. El 1º de enero del 2011, Lula dejará la presidencia, acompañado seguramente del agradecimiento, respeto y gratitud de su pueblo.

 

En 25 años, dos líderes surgidos de los extremos académicos, políticos y sociales, supieron ejecutar magistralmente la receta que transformó a Brasil, el país de la eterna promesa, en una realidad palpable y en uno de los principales actores mundiales de este siglo XXI.

 

¡Hasta el próximo análisis…!

 

Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez

e-mail: danielgorosito@prodigy.net.mx