Sin lugar a dudas, mis estimados 9 lectores, entre la vorágine de las notas de estos días, la muerte de Michael Jackson, los enfrentamientos del puente de la Panamericana en los Apaseos, el reparto de culpas por el terrible accidente de la guardería incendiada y los más de 40 niños muertos en Sonora que está salpicando a funcionarios del terruño, en el tema de las campañas políticas y a unos cuantos días del 5 de julio, día de las elecciones intermedias, lo único claro es que todo está confuso.
Los partidos políticos hacen lo suyo con vistas a ganar la mayor cantidad de espacios conquistando la voluntad ciudadana.
Por nuestra parte, al cierre del proceso, habremos recorrido prácticamente en dos ocasiones los 46 municipios del Estado acompañando a nuestros valerosos y entusiastas abanderados azules en pos de su candidatura y casi al final de la jornada el saldo es muy positivo.
Cada municipio recorrido, cada comunidad visitada, cada diálogo con la gente de todos los estratos sociales, es una extraordinaria oportunidad para aprender, para ser humildes ante tanta necesidad aún permanente. He podido leer en la mirada de los niños y de la gente de las comunidades, la esperanza por transformar y mejorar su mundo, pero también en el rostro muchos de los candidatos el sueño por conquistar esas esperanzas y hacerlas realidad.
Sin embargo, ha surgido entre las estridencias del protagonismo de algunos actores, la idea de que para tener credibilidad en los candidatos, éstos deberían suscribir ante notario público sus compromisos de campaña a fin de que el electorado confíe en el personaje. Ante la sola idea, hecha pública, como sucedió, como abejas a la miel y con la misma estridencia, algunos hicieron felices a algunos notarios y acudieron al engañoso y electorero llamado en aras de no quedarse atrás ante esta propuesta; digo engañoso, no para quitarle mérito al planteamiento, que conste, sino porque el notario podrá dar fe pública del compromiso suscrito por el actor, pero éste acto no garantiza en lo absoluto su cabal cumplimiento; sólo deja constancia plena de que los compromisos se hicieron.
Tiene este acto sin dudas, un significado importante, pero es necesario formular un nuevo proceso que podría ser el que de llegar a ganar la contienda, el candidato mantenga públicamente esos compromisos hasta el término de su gestión y
ahí es como decimos coloquialmente, donde la puerca tuerce el rabo, porque “prometer no empobrece y dar es lo que aniquila”.
El compromiso de campaña es también un compromiso serio, el desaliento de muchas personas sobre los políticos se acrecienta especialmente por la ausencia de credibilidad debido a los compromisos incumplidos, no tanto por falta de voluntad para cumplir, sino porque es muy diferente ofrecer lo que no se sabe si habrá posibilidades de realizar ya que aún no se ha estado al frente de la responsabilidad en el cargo para ejecutar la acción prometida.
Finalmente, mis estimados 9 lectores, los buenos ciudadanos deben participar en la política y en los partidos para no dejar en manos de los malos políticos las decisiones de todos los ciudadanos.
La participación social en la vida pública no debiera circunscribirse solamente al ejercicio del voto como un derecho de todos para fortalecer nuestra vida democrática, se requiere que los hombres y las mujeres de mayor valía se sumen a nuestro esfuerzo por construir un mejor Guanajuato y un mejor país. Los que hemos asumido un compromiso mayor al decidir por una opción política necesitamos de la gente buena y de buena fe que se sume a nuestro proyecto para seguir haciendo de la política el arte del hacer el bien y de hacerlo bien. Nos vemos la próxima para hacer un recuento de resultados. Que no nos derrote la victoria.
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